miércoles, 9 de octubre de 2013

Noche

La bajada del sol en el día de las tragedias. Ahí fue donde, cuando, transcurrió todo. Horas antes, horas después.
Por momentos oscuridad, por momentos luces incompletas. Casi enceguecida, casi inconsciente. La venda se tiñó de rojo en minutos, unos pocos minutos. La música la había aturdido tanto que ya no oía, y no le importaba. Si fue la música en sí, o la "música" de la vida, sólo ella lo sabe. Era plena primavera, pero el interior de su cuerpo sufría una leve hipotermia. No dejaba de temblar, la pobre, por frío, o por miedo. Cualquiera hubiera pensado que había caminado bajo un diluvio, pero esa noche, la lluvia había sido su llanto. Nadie la encontraba... quiero decir, nadie la buscaba. La realidad la estaba atormentando, junto con lo peor que le pasó, justo en ese momento, se dio cuenta de tantas cosas más que ya no entraban en su cuerpo, tan pequeño y tan lleno de todo. Cosas que su alma no podía aguantar. Y así se fue yendo en lo que para ella fueron siglos, donde pasó hambre, frío y se llenó de incertidumbre; y que en realidad no llegaron a ser ni dos horas. Las últimas imágenes que llegaron a su mente con vida fueron sangre, luces, pastillas, sombras, un cuchillo afilado, una habitación tan vacía, y de repente... cuando menos lo esperó, pero ansiandolo tanto a la vez, vio pasar toda su vida, todos sus recuerdos; y toda su nostalgia se convirtió en oscuridad.
Ahora no es más que un alma vagando en un mundo totalmente distinto, y rogando no volver. 

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